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lunes, 9 de marzo de 2015

Me basta

Una venda de mis ojos se ha caído.
Fue por ese toque tierno de tu mano.
Antes yo, solo de oídas te había oído
Hoy te veo más cercano que un hermano.

Se que es por tu sacrificio, por tu herida
Que me fueron reveladas tus riquezas.
Y es por Gracia de tus labios transferida
de los sabios a los niños la grandeza.

Nadie puede conocer tu pensamiento
No hay quién pese toda la arena del mar
Pero a mi solo me basta tu sustento y tu forma de amar.

No hay quien mida la anchura del abismo
No hay abismo más grande que tu amor
Es por eso que hoy me olvido de mi mismo y te sigo Señor.

jueves, 28 de agosto de 2014

¿Quién o qué rayos es D!os? Parte I

De la serie #EnEstoCreo

La humanidad desde hace miles de años ha dejado constancia a través de construcciones, escritos, dibujos, etc. de una búsqueda insaciable por lo trascendente, lo espiritual, lo divino. Esta búsqueda ha adoptado varias formas. A esta búsqueda le llamamos religión.

Religión viene del termino "re-ligar". ¿Re-ligar qué? Re-ligar al hombre con lo trascendente, lo divino, lo eterno, lo espiritual. Re-ligarlo con el cosmos o con Dios. Sea cual sea el nombre que adopte la religión busca esto: Re- ligar. Esto quiere decir que hay una relación que está rota o que hay partes que están separadas y que necesitan ser unidas o re-ligadas. Lo que el hombre busca (consciente o inconscientemente) es a D!os.

Creo en la existencia de D!os. No creo que se pueda demostrar de manera científica su existencia, como tampoco se puede negar científicamente la misma. Simplemente la ciencia es limitada y nuestros sentidos por los cuales percibimos la realidad también los son. Nuestro cerebro esta ampliamente desarrollado pero nuestro entendimiento es limitado. Pero sí hay pruebas en el universo por las cuales podemos deducir que hay una inteligencia creadora detrás de todo lo que existe.

El astrónomo Fred Hoyle, un escéptico en cuestiones religiosas declaró en The Universe: Some Past and Present Reflections que "la interpretación de sentido común de los hechos (que permiten la vida en nuestro universo) sugiere que una super-inteligencia ha andado toqueteando tanto la física, como la química y la biología, y que no hay fuerzas ciegas dignas de mención en la naturaleza. Las cifras que podemos extraer de los hechos me parecen tan abrumadoras que sitúan esta conclusión fuera de toda duda". 

Descubrimientos en biogenética, astronomía y más nos revelan pistas de una inteligencia detrás de lo que vemos y somos. A esto le llamamos la "revelación natural". La evolución aunque creíble y probable desde un punto de vista científico, solo nos puede decir cómo se ha desarrollado la vida pero no nos dice cómo se originó.

Las culturas antiguas atribuían el origen a fuerzas divinas. Tenían relatos cosmológicos y para ello tenían dioses, muchos dioses, demasiados dioses. Solo unas cuantas rligiones podría decirse que eran monoteístas, como el Zoroastrismo en Persia y el Judaísmo en la cultura hebrea. Los hebreos son los descendientes de Abram que luego pasó a llamarse Abraham. Y es acerca de él y de su hallazgo espiritual que me detendré a hablar.

El Genesis o Bereshit, que es el primer libro de la Torah (que forma parte de la Biblia) y que fue escrito por Moisés, según la tradición judía, nos muestra a un hombre (Abraham) que creció dentro de la cultura caldea e influenciado por ella durante el tercer milenio antes de Cristo aproximadamente. Vivía rodeado de una cultura politeísta. Su familia y su comunidad, al igual que muchas otras, tenían un panteón de dioses. Un dios para cada fenómeno de la naturaleza. Todos los dioses, según quienes creían en ellos, estaban llenos de pasiones y características iguales a los hombres. Eran dioses creados a imagen y semejanza del hombre e incluso peleaban entre sí por poder, territorio u otras razones.

El hombre en su búsqueda de re-ligarse con lo espiritual creó caminos, imperfectos como él mismo. Creó dioses imperfectos como él mismo. Hizo formulas, imperfectas como él mismo. Perdió su rumbo. Sabía que algo le faltaba, que había algo trascendente. La naturaleza se lo sugería (revelación natural) y sabía que se debía re-ligar a ello. Pero el hombre erró al blanco (a esto se le llama pecado y hablaré de eso en otro post) y se perdió entre sus muchos dioses.

En ese contexto Abram tiene una experiencia trascendente. Recibe una revelación. Alguien que no ve le dice "vete de tu tierra y de tu parentela a la tierra que yo te mostraré". Esa voz le ordena a desligarse de su entorno, a renunciar a su cultura, a desligarse de lo que más amaba (su familia) para poder quebrar sus paradigmas y despojarse de todo bagaje cultural anterior. Esa voz es de un dios diferente, uno sin nombre y sin rostro. Uno que no es creado a imagen y semejanza del hombre, uno que dice ser el creador y el único. Uno que no se puede representar, que va más allá de nuestra capacidad intelectual y que sobrepasa nuestro sentido religioso. Un D!os que no espera a que podamos re-ligarnos a Él sino que Él toma la iniciativa para re-ligarse con nosotros. Es un D!os que irrumpe en la historia personal de Abram y en la Historia de la humanidad.

De hecho ese concepto de que D!os interviene en nuestra Historia, es una idea fundamental de la fe judeo-cristiana. Y después que ese D!os habló la Historia nunca fue igual. 

CONTINUARÁ EN EL SIGUIENTE POST: ¿Quién o que rayos es D!os? Parte II
De la serie #EnEstoCreo

lunes, 7 de abril de 2014

¿Porqué se dice que María es la madre de D!os?


(Una Reflexión para mis amigos protestantes y católicos)
Vivo en Guatemala, un bello país con cientos de tradiciones y expresiones culturales y religiosas. Con un porcentaje alto de personas que se auto denominan cristianos - católicos, evangélicos y otros - siendo la primera la que encabeza dicho porcentaje. Pero aunque el número de cristianos es alto, también lo es el número de víctimas de la violencia y el nivel de corrupción. Algo totalmente paradójico. Quizá porque no todos hemos entendido el mensaje central del evangelio.
Paradójico también es ver como muchos evangélicos hablamos de una manera irrespetuosa y abusiva a los católicos y viceversa. Creo que debemos disentir pero en un clima de respeto. Porque… no es acaso en amor cómo debemos vivir, andar y enseñar? Así que por favor deje su piedra en la puerta porque no vamos a apedrear a nadie en nombre de D!os. Ahora, hablemos del tema que nos interesa.
Cuando se habla de María, este es un tema que parece “tabú” y al solo mencionarlo cada quien parece sacar su espada (Biblia) y estar listos para la ofensiva. Si esperas encontrar acá un post que invite a la discordia, quizá pierdas el tiempo, porque éste no es el fin.
La enseñanza protestante (evangélica) en nuestro país suele tomar una posición reacia ante el término “madre de D!os” aplicado a María. Muchos desde un principio dirían “¡Reprendo!” Pero de nuevo les digo: calma, guarden la espada y regresemos al contexto histórico donde este concepto fue tema de discusión.
Sí. Vamos al año 431 d.C. donde el concepto de María como la “Madre de D!os” o “paridora de D!os” (Theotokos) dio lugar a una gran discusión en el Tercer Concilio de Éfeso. Atanasio y Nestorio de Antioquía defendían el término “Christotokos” (paridora de Cristo) mientras Cirilo de Alejandría y otros defendían el término “Theotokos” (paridora de D!os).
La razón que motivó a los líderes eclesiásticos de esa época a disentir sobre este tema no era de carácter Mariológico sino Cristológico. Cristología es la rama de la teología cuyo enfoque es ahondar en quién es Jesús de Nazaret. Estudia tanto su naturaleza humana como divina y la relación entre ambas. Es decir, que la discusión no giraba alrededor de la naturaleza de María, sino de la naturaleza de Jesús. Cristo debía ser el centro.
La cuestión planteada era si María solo dio a luz solo a la naturaleza humana de Jesús o también a su naturaleza divina. El tema no era nuevo y tampoco ese Concilio iba a fijar la verdad, mas bien debía ratificarla o afianzarla. La cuestión parece sencilla pero cada punto de vista tenía (y tiene) implicaciones muy importantes.
Decir que María era solo “Madre de Cristo” o “paridora de Cristo” (Christotokos) era decir que ella había dado a luz exclusivamente a un Jesús humano y que por aparte la naturaleza divina vino a habitar en él. Esto era igual a decir que en Jesús coexistían no solo dos naturalezas sino dos personas distintas; que había en Jesús una conjunción o unión moral: Dios (una persona) y Jesús (otra persona).
Si esto hubiese sido así no se podría decir que D!os se encarnó (Juan 1), que Él habitó entre nosotros (Emmanuel), que Él sufrió por nosotros e incluso que murió por nosotros. Entonces, cómo podría salvarnos, entendernos y redimirnos integralmente: espíritu, alma y cuerpo? Esto era contrario a lo que se nos revela en las Sagradas Escrituras. Por tanto el término “Paridora de D!os” o “Theotokos” es el adecuado para referirse a la concepción.
María no solo dio a luz a un ser humano natural, sino a un ser divino, 100% D!os y 100% hombre. Naturaleza divina y humana en una sola persona: Jesucristo. Él tomó nuestra forma, experimentó lo mismo que nosotros y padeció lo mismo que nosotros. Tomó nuestras aflicciones y enfermedades y las llevó sobre sus hombros en la cruz para redimirnos de manera integral. Este es el misterio de la encarnación, algo totalmente extraordinario.
De nuevo quiero remarcar que el término “Theotokos” o “paridora de D!os” tiene y debe tener un carácter Cristológico y Cristocentrico. Es por eso que, algunos reformadores cristianos guardaban esta enseñanza.
Ahora quizá alguien pregunte: ¿Si María es la paridora de D!os, debería tener todo el derecho de recibir adoración? Es interesante encontrar que la Biblia se centra en la persona de Jesucristo como el unico mediador entre D!os y los hombres (I Timoteo 2:5). También encontramos en una porción de la Escritura que Isabel (traducido así por la Biblia de Jerusalén), llena del Espíritu Santo le dice a María: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; (Lucas 1:42 Biblia de Jerusalén). María está feliz y más adelante dice “…desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventuradaporque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre”(Lucas 1:48 y 49 Biblia de Jerusalén), pero más adelante cuando Jesús inicia su ministerio, una mujer alaba a María delante de Jesús diciendo “¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!” (Lucas 11:27) y Jesús responde “Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.” (Lucas 11:28) . Todavía más interesante aún es encontrar a María decir “Haced lo que él  (Jesús) os diga” Juan 2:5 (Biblia de Jerusalén).
Por ultimo, no se encuentran indicios en la Biblia ni en los escritos de los primeros padres de la iglesia, de un culto, adoración o veneración a María como el que se vemos actualmente. Esto fue el resultado de las tradiciones posteriores. La reforma protestante se apartó del culto a María porque lo que trataba era regresar a las raíces, a la Sagrada Escritura por encima de las tradiciones de la Iglesia Universal, puesto que históricamente muchas enseñanzas fueron trastocadas o perdieron su equilibrio. La idea es y ha sido volver a colocar a Cristo y a la Escritura en el centro. Ultimamente esto también se ha ido perdiendo en muchas iglesias por el influjo del relativismo y el posmodernismo y por una interpretación pragmática de las Escrituras.
Ahora, alguien preguntará: Si venerar a María no se enseña en la Biblia ni en los escritos de los primeros padres de la Iglesia, entonces… debemos rechazar la figura de María de manera irrespetuosa (como muchos han hecho con palabras ofensivas)? No. María ha sido la más bendita de las mujeres, que mostró humildad, mansedumbre, valentía, fe, amor y sobre todo obediencia. ¿Es digna de que se hable y se enseñe de ella? Sí. ¿Es digna de que se le imite? Por supuesto que sí. Seguir su extraordinario ejemplo nos acerca más a Jesús, nos acerca más a Dios. Recordando siempre las palabras que ella misma pronunció: hagan todo lo que él (Jesús) les diga.
Muchos discuten si María merece culto o no. (la respuesta remite a otra pregunta de la que me gustaría tratar en un post más adelante: ¿Qué es primero, la Sagrada Escritura o las tradiciones de la Iglesia?) Pero viendo a las Escrituras fijamente la respuesta es que solo Cristo merece nuestra absoluta veneración, culto, adoración.
Y solo quiero terminar con una sencilla pero significativa reflexión: Hay diferencias entre la enseñanza católica y la protestante pero lo más importante acá es saber qué dicen las Sagradas Escrituras. La Biblia enseña: Que Jesucristo (D¡os todopoderoso hecho carne) nació de una virgen. Él es Dios y es hombre. Todo fue hecho por medio de Él y para Él. Él murió por nuestros pecados en una cruz y resucitó al tercer día, para que al depositar nuestra fe en Él recibamos la salvación como un regalo. Y no solo eso, sino que recibimos su Espíritu Santo en nuestra vida para darnos la fuerza para perseverar en esa salvación tan grande. De Él viene el regalo de la salvación, de Él también la gracia de la santificación y la fuerza para seguir adelante y perseverar hasta el final.
Tú puedes estar presente en cada culto o servicio evangélico o en cada misa católica y aún así ignorar esta gran verdad. Por eso pregunto: ¿Has decidido entregarte completamente a Cristo y reconocer su señorío? No solo reconocerlo como tu Salvador sino como tu Señor. Señor de tus decisiones, Señor de tu corazón. Si no lo has hecho aún, este es un buen momento para iniciar tu relación con Él haciendo una pequeña oración con toda sinceridad. Reconócelo como tu Señor e inicia leyendo la Sagrada Escritura con toda dedicación pidiéndole al espíritu Santo que te guíe a toda verdad. Es la mejor decisión que podrías tomar. En la Escritura encontrarás seguridad, absoluta y completa seguridad de salvación. Ahí encontrarás Su voluntad, buena, agradable y perfecta.



martes, 18 de marzo de 2014

Por si Apocalipsis te da miedo...

Apocalipsis suele ser un libro que a menudo infunde miedo en muchas personas. Creanme que el libro a mi no me gustaba mucho. Pero últimamente, tuve un acercamiento al mismo ya que me involucré en la realización de una obra de teatro llamada Armagedón, que se presentará el 19 de julio en iglesia El Shaddai zona 14 de mi querida Guatemala.

Esto me llevó a investigar un poco más acerca del libro de Apocalipsis, de escatología, de milenarismo, amilenarismo, posmilenarismo, etc. Y a familiarizarme con el contexto histórico del libro de Apocalipsis y de la literatura apocalíptica.

La literatura apocalíptica es revelación. Y es un género literario que nació en la cultura hebrea en el siglo II y I antes de Cristo y se siguió desarrollando hasta el siglo II después de Cristo, en la cultura cristiana. Se produjo cuando los judíos estaban en el exilio y aguardaban la promesa de que un mesías vendría a liberarlos del yugo del opresor y a restaurar todas las cosas, incluyendo el culto en el Templo de Jerusalén.

Dadas las circunstancias en las cuales los judíos se encontraban, los escritos apocalípticos mantienen ciertos códigos reconocibles para ellos, pero no reconocibles para cualquiera. Como por ejemplo cuando se habla de “cuernos” se esta hablando de “poder”. Y cuando, por ejemplo se mencionan 7 cuernos, significa poder perfecto. Y 6 cuernos un poder imperfecto.

Los escritos apocalípticos antes de la venida de Cristo, apuntaban a un mesías que vendría pronto. El mesías vino, pero no como ellos lo esperaban. Llego manso, montado sobre un burrito. No fue un diplomático o un guerrero que peleaba con espada, arco y flecha. Fue un siervo que con su muerte y resurrección venció al pecado y a la muerte. Además tomó las llaves del infierno en su mano y luego repartió dones a los hombres. Se fue al cielo pero con la promesa de volver.

Los primeros creyentes vivían con sus ojos atentos al cielo esperando su pronta venida. Esta vez como el rey conquistador. La literatura apocalíptica era familiar en los judíos y creyentes del primer siglo. Pero ahora cobraba un mayor sentido, en Cristo. El mesías y salvador no solo de un pueblo, sino de todo el mundo.

En los años 80´s y 90´s después de Cristo, el emperador Domiciano exigía la adoración como hijo de Dios y perseguía sin piedad a la iglesia por no reconocer su divinidad. Por negarse a inclinarse ante su imagen y por declarar la divinidad y el único Señorío de Jesús, un carpintero y maestro judío que había sido crucificado unas décadas atrás y que se decía, había resucitado. El imperio era una bestia sedienta de sangre y nada podría detenerle.

Ante tal persecución y en su exilio en la isla de Patmos, el apóstol Juan tuvo una revelación. La visión de un jinete sobre un caballo blanco que vendría a la tierra a poner fin a la bestia, a la maldad, al dolor y a la injusticia. El Verbo de D!os, el Rey de Reyes y Señor de Señores, Jesucristo.

Juan escribió en el código propio de la literatura apocalíptica, por lo que tratar de descifrar sus códigos en esta época moderna requiere de mucha investigación y esfuerzo.  Pero a pesar de todos los códigos, el mensaje es claro y la esperanza encriptada en él, se mantiene como una antorcha encendida para los creyentes alrededor del mundo.

El mensaje es que Cristo viene, como Rey, como conquistador. Y que aunque las cosas parezcan fuera de control y el sistema del mundo se levante contra nosotros como una bestia implacable… El Rey esta reinando y no ha perdido ni perderá el control. Él es soberano y Él es el único capaz de abrir los sellos que permitan el desenlace de la Historia de la humanidad.

El mensaje de Apocalipsis es ESPERANZA VIVA. Es un llamado a la resistencia cristiana, a la perseverancia, a la santidad, al compromiso, a la fe en medio de las circunstancias. Aunque fue escrito en el primer siglo, su tinta aún se mantiene fresca para nuestro presente y sus palabras nos impulsan a alzar la vista al cielo, sabiendo que la Historia Universal y nuestra historia particular, personal, están en sus poderosas manos. Que nada escapa de su control y que pronto vendrá.

Apocalipsis es esperanza, es fe y es el grito unánime de la Iglesia entera que dice: Sí, ven Señor Jesús.


martes, 4 de marzo de 2014

¿Necesita D!os nuestras ofrendas?

Este fin de semana me encontraba leyendo Exodo 13. Un pasaje donde D!os le pide a los hebreos que se rediman a los primogénitos de sus bestias. Pero también a los primogénitos de sus hijos. Unas versiones utilizan la palabra “redimir” y otras “rescatar”. De acuerdo al contexto también se utiliza la palabra “dedicar”.
Pero no me quiero centrar en el acto de la dedicación, sino en la motivación detrás de ello. Cuando uno lee el pasaje completo, se ve que hay una intencionalidad detrás del acto mismo de la dedicación.
Cuando D!os demandaba algo, un acto ceremonial, una fiesta solemne, una dedicación de diezmos u ofrendas especiales… había algo más allá del acto. Había una razón en ello, era un culto racional. Me encanta que el Señor explica el porqué de dichas cosas.
¿Será que D!os necesitaba tales ofrendas o actos de dedicación? En la antigüedad algunos dioses exigían ofrendas de sangre humana porque lo necesitaban. Era el alimento de los dioses. Pero el D!os de los hebreos no necesitaba tales ofrendas o sacrificios. De hecho, Él no exigía sacrificios humanos como Moloc. El Señor pedía sacrificios de ciertos animales puros, pero no porque Él lo necesitara, sino porque el hombre lo necesitaba.
Volviendo al pasaje de Exodo 13, el Señor pide que se le dediquen los primogénitos. Pero… para qué? Leamos lo que dice:
“…cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto? (el acto de consagración), le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos.
Te será, pues, como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos, por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte.” (Versión Reina Valera 1960)
La razón de dicha dedicación, no era porque el Señor lo necesitaba, sino porque sabía que los hebreos lo necesitaban. Era un recordatorio constante de lo que el Señor había hecho por ellos. Una forma de recordar quién era su redentor, quiénes eran ellos (los redimidos) y cómo había sucedido tal salvación. El acto remitía a un hecho histórico, real, conciso, preciso, específico, vívido.
Al igual que en esos días, hay ciertas prácticas de fe que realizamos, no porque el Señor las necesite o porque sean actos mágicos que encierren un poder místico en sí mismos. Sino que tienen un fin, una razón, un propósito. No son un fin en sí mismos, sino un medio que nos ayudan a perseverar en nuestra salvación o santificación. Comenzando por los sacramentos como el bautismo y la eucaristía (santa cena).
En otro plano muy distinto están los actos de consagración de los bienes que el Señor nos ha dado para que los administremos como los diezmos y las ofrendas. Es ahí donde me quiero centrar ahora.
¿Será que el Señor necesita nuestros diezmos y ofrendas? ¿Se diezma y se ofrenda con la finalidad de recibir algo a cambio? ¿Son estos actos un fin en sí mismos? La respuesta es…No. Hay algo más allá en el dar. En el ser obedientes y generosos.
El acto de dar nos hace recordar que en primer lugar, nada tendríamos en nuestras manos si no se nos hubiese dado del cielo. Nos hace recordar que todo es suyo y que de lo recibido de su mano, de eso le damos. Que nada nos pertenece. Que Él es nuestro proveedor y que confiamos plenamente en su provisión. Que nosotros solo somos sus mayordomos, sus administradores. Que primero está el Reino y después nuestros sueños personales.
No es Él quien necesita de nuestros diezmos y ofrendas. Somos nosotros los necesitados. Somos nosotros los privilegiados, los bendecidos. Y la bendición misma está en el dar. No en si recibimos algo a cambio de ello. No en recibir 100 veces más como si fuese un trueque mágico, como a veces lo pintan los predicadores posmodernos de la prosperidad. Sino en el acto mismo de desprendernos aunque eso duela.
Porque es ahí donde reconocemos y recordamos quién es Él, quiénes somos nosotros y cuál es nuestra relación con Él. Él es nuestro proveedor. Es ahí donde aprendemos a confiar y a depender de Él. Es ahí en nuestro sometimiento, en esa mansedumbre, donde encontramos el reposo para nuestras almas.